Cuando el capitán de la nave les preguntó cómo habían podido sobrevivir, uno de ellos dió un paso al frente y contó una larga historia que había sido transmitida generación tras generación a lo largo de un tiempo difícil de precisar. Ya no eran años los encargados de determinar las edades. Ellos no sabían lo que era un día, una noche. El sol había dejado de existir, aunque siguiera brillando allá fuera. Ellos se olvidaron un día de necesitarlo y su mundo estaba albergado dentro de ese túnel que daba vueltas y se ramificaba a lo largo de un espacio finito.

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