Y llamando al delirio me abrigo más allá de la inconstancia de tus pasos. Me limito a decirte adiós y todo seguirá como hasta hoy un par de horas atrás. Con las mismas ganas rotas de querer no haberte conocido, Oscar, de no haberme inundado alguna que otra vez de algo que sabías decir perfectamente, pero de lo que no te enterabas. Eres tan necio.
Algo estallará pronto, lo huelo. el aire está manchando de arcilla. De lo básico, de tu punta de hierro fláccida entre los cojines de tu cama. Llamándola a ella, a tu Caliope, la muñeca rubia. Y un recuerdo como aguja se cuela a través de tu deteriorado cerebro.
El cuervo susurra:
- Amo, eres el mejor en lo peor- te decía la putita electrónica, Oscar, y mojándose con saliva sintética los labios sabor a juguete plástico navideño te lo volvía a repetir – amo, eres lo mejor en lo peor, eres tan caliente, eres tan malo, la tienes tan dura… Y tú, Oscar sólo querías apagarla. Cerrar el programa que le habías configurado para que dijera ese montón de porquerías que tanto te calientan, pero no podías pararla antes de los treinta minutos con que habías preestablecido al VIRGINSUICIDES-VII, el último programa lanzado por MRCOMPUTERS CO para sublimaciones sexuales, errores de la versión beta. Treinta minutos es lo que te demoras por lo general en tenerla dura, pero esa noche nada más pensabas en tirártela, así, de sopetón. Las cosas habían marchado tan bien ese día, no tenías la constante sensación de fracaso que sueles cargar. Ese fracaso de indiecito que te corre por las venas y que recuerdas cada vez que miras tu rostro en el espejo y que también ves en los ojos de las personas cuando te cruzas con ellas por la calle.
-Querida Calíope algún día vendrán todas a cortarse el cuello por mi, le decías a la muñeca, mientras le acariciabas el pelo. Una larga y fría caballera rubia.
Así te gustaban las nenitas, Oscar el indio. Jamás pudiste hacerte de la pendejita cuica y hermosa con la que empezaste a soñar apenas pudiste tras los largos sermones de tu padre acerca de tu condición de niñito adoptado. Sus constantes lamentos por no haber podido adoptar a otro. Tuvo que seguir los caprichos de tu madre o madrastra, que tenía la idea fija de críar al niño de una indígena boliviana que había conocido en uno de sus viajes al norte, ella y sus desvarios de cuiquita intelectual y se murió tan pronto dejándote al cuidado del gran pez que te odiaba y que tu odias, aunque él también murió hace ya varios años.

2 comments
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Abril 1, 2009 a 10:22 pm
Lientur
eres buen@ en esto
te sigo
Abril 15, 2009 a 6:52 pm
Venta de campo en la Argentina
inspirador los que escribiste… saludos desde la rioja argentina