“Casémonos” le dijiste en un arranque mezclado con las pastillas que le robaste a tu madre un día en que fuiste a visitarla. Él estaba a punto de irse. Cerraría esa puerta para no volver a verte, en teoría. Esa era la idea, no volver atrás con esta historia que ya no resultaba, que había dejado de resultar o que quizá nunca resultó pero que continuó a pesar de varias alertas que él te había dado respecto a tantas cosas que era, que no era y por sobre todo que quería ser y le costaban porque no era fácil salir de noche a triturarse el pensamiento en camas donde gritaba eso que no podía conmigo o que podía a medias, o sea, que no podía, definitivamente no podía. Una historia que a pesar de todo aún continúa, un sin sentido tremendo pero con un trasfondo sólido, inexplicable. Se llevaba en un bolso de gimnasia todo eso que se podía ver, se podía tocar, lo material. Todo menos algunos libros, y esas sombras que todavía guardo aunque no quiera, aunque les pida que se vayan las aferro con otras manos que también son dos tuyas y esto es un nudo armónico de notas estrepitosas, incautas, divinas. holy, holy.

No comments yet
Feed de los comentarios de este artículo