Y estás ahi inmóvil, presa de la autocompasión. Te has roto la mitad de la cara como siempre que caes en desesperación silenciosa. Manchas de sangre que dejan tus dedos. Eres incapaz de levantarte del sillón. No lloras. Te duele la cara y el corazón es un alfiletero en este momento. Piensas en la botella que está en la cocina como una forma de borrarte. Pero, el esfuerzo que debes hacer se torna demasiado grande y estás a punto de desarmarte. De todos modos, sabes que terminarás ebria, sola, en ese mismo sofá como las tres últimas noches. Así que es cosa de esperar. Pronto ya no lo estarás tanto. Cuando seas un desastre y vengan a decirte de diferentes formas que lo eres. Una puta salvaje, loca y alcohólica.

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