Me traes que me matas, encanto. Dulzura, dulzura, dulzura. Me traes llorando cada noche desde hace tantos años. Te conozco desde siempre, sin embargo, cambias para que puedas doler de diferentes modos. Ya sabes “cualquier estímulo constante deja de ser un estímulo”, dijo el indiecito gordo.

Así qué, esta noche somos tú y yo. Como todas las noches, sólo tú y yo y este destripamiento y estas lagunas saladas que sólo te provocan risa. Dices que soy patética y ya no quiero pelear pero te miro. Te miro y recuerdo a Rimbaud, entonces, te siento en mis rodillas. Eres tan liviana que das pena. Pienso que debería alimentarte mejor. Dejar de llorar y alimentarte. No sé qué te gusta. Tantos años y no sé qué comes. Me comporto como mi madre. Par ella soy esto que tú eres para mí. El porqué me siento tan violenta. Tan sol… Perdón, casi digo tu nombre. Dijiste que nada de nombres. Lo sé, lo sé. Pero es tan difícil no hacerlo, eres mi palabra favorita. Eres mi persona favorita. Sin ti sería sólo otra barbie sudando plástico. Tú me haces dura, cariño. Me haces reconocible desde el espacio.