Y qué puedo decir ahora si tú lo has dicho todo o casi y de tan buenas maneras que yo no me creo capaz de darle forma a eso que parece no has dicho.
No guardo ningún silencio, hablo, dejo a la más pequeña de mis proyecciones ser parte de este teatro. El resto está guardado en esa caja opaca al fondo del límite incierto hacía el abismo, la locura y el delirio. Ninguna incapacidad, lo sé, lo sé. Eso es seguro, pero no queda más que decir. Sencillo. Hay que recogerse como la siembra con otro nombre. Hubo alguna vez semillas, ahora son como muchachas, algunas más atractivas que otras, pero todas pueden despertarte en una noche como esta, con una o dos copas de más. Cierras los ojos y te dejas llevar. Puedes imaginar a la pelirroja que quieras, a la millonaria que quieras, a la hija de su padre que quieras. Todas las muchachas-semillas-espanto al final sirven para tus propósitos de una sola noche. Una. Porque el espejismo tiene que hacerse parte de esta corta dimensión, en que las casas confortables no se levantan solas y alguién tiene que poner lo suficiente para eso, pagar por ellas. Ninguna de las sombras-semillas-cosechas podría pagar la enorme casa con la que sueñas.
Quizá, cuando tengas cincuenta años y estés solo y deforme y viejo y tengas más deudas que recuerdos alguna de ellas se haga real, más que un melancólico espejismo rojo y puedas decidirte a decirle que se quede. Abrirás por primera vez los ojos y le dirás quédate, cuando ya no te queden más que migajas de vida. Todo estará muy bien. Era lo que tenías que hacer después de todo. Ofrecer tu vida en función de casas políticamente correctas.

2 comments
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Junio 15, 2009 a 6:56 am
Hojuelas
ñu.
Te quiero.
Junio 15, 2009 a 10:34 pm
Marie Contreras Schacht
Te quiero más.
m.