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Me traes que me matas, encanto. Dulzura, dulzura, dulzura. Me traes llorando cada noche desde hace tantos años. Te conozco desde siempre, sin embargo, cambias para que puedas doler de diferentes modos. Ya sabes “cualquier estímulo constante deja de ser un estímulo”, dijo el indiecito gordo.

Así qué, esta noche somos tú y yo. Como todas las noches, sólo tú y yo y este destripamiento y estas lagunas saladas que sólo te provocan risa. Dices que soy patética y ya no quiero pelear pero te miro. Te miro y recuerdo a Rimbaud, entonces, te siento en mis rodillas. Eres tan liviana que das pena. Pienso que debería alimentarte mejor. Dejar de llorar y alimentarte. No sé qué te gusta. Tantos años y no sé qué comes. Me comporto como mi madre. Par ella soy esto que tú eres para mí. El porqué me siento tan violenta. Tan sol… Perdón, casi digo tu nombre. Dijiste que nada de nombres. Lo sé, lo sé. Pero es tan difícil no hacerlo, eres mi palabra favorita. Eres mi persona favorita. Sin ti sería sólo otra barbie sudando plástico. Tú me haces dura, cariño. Me haces reconocible desde el espacio.

Tegualda: De echar de menos dijiste que no hablarías, zorrita.
Teófila: No lo estoy haciendo.
Tegualda: Pero lo estás pensando.
Teófila: Es cierto, lo estoy pensando y lo estoy sintiendo, ¿y?.
Tegualda: ¿A quién extrañas?. Apostaría a que no lo sabes.
Teófila: No, si esta vez lo sé.
Tegualda: ¿A quién?
Teófila: No quiero decírtelo
Tegualda: Que eres lesa. Dímelo, dímelo, dímelo.
Teófila: Ay, que te burlas de mi si te lo digo.
Tegualda: Que no. Dímelo.
Teófila: La última vez que lo ví tenía un orzuelo, ahora yo tengo un orzuelo.
Tegualda: ¿Y le extrañas por eso?. Estás enferma
Teófila: No, si le extraño de antes, nomás lo acabo de recordar.
Tegualda: Ay, que romántico.
Teófila: Pesado, pesada, no sé cómo decirte. Luces tan friki con esa ropa.
Tegualda: Dime como quieras, amor. Mejor aún, no digas nada, sigue pensando.
Teófila: quizá eso de que inevitablemente le veré en un par de semanas me jode y me tiene desvelada esta noche a las dos am.
Tegualda: jajaja, mi linda, que tú te desvelas hasta porque no te gusta el final de un libro.
Teófila: intoxícate!.
Tegualda: tómate un cafecito. Vamos, hazme más fuerte.
Teófila: Ay, estaría tan bien un café, pero algo de sentido común me queda. Me fumaría algo. ay, que ahora le extraño el doble, fue el mejor dealer que he tenido.
Tegualda: que tú no le echas de menos, tu extrañas la parranda que se montaban juntos.
Teófila: Ay, pero si se estaba poniendo tan fome en los últimos tiempos. Todo un padre de familia. Ya casi no lo reconocía.
Tegualda: Miedosa, miedosa, cobarde, cobarde.
Teófila: Paso de escucharte, mejor pongo algo de los electrodomésticos.
Tegualda: mejor pon algo de Parker y te terminai de cortar las venas.
Teófila: a ti nunca te extrañaré, Tegualda. Lo juro.
Tegualda: Da lo mismo, yo nunca te abandonaré.

No puedo ir a casa, le dijo. No puedo ir nunca más allá porque queda muy lejos, porque no hay pasaje de regreso. porque me he obsesionado por primera vez y este es el precio. No regresaré porque ya no puedo. No estoy solo y me detienen y quiero que me detengan. Necesito que lo hagan, porque de lo contrario no habrá valido la pena, habrá sido sólo un evento. Algo momentaneo, lejos de todo esto que estoy sintiendo ahora, que es un vacío y un reconocimiento. Me perdí, morí antes de tiempo, le gane a todo esto, le gané a lo que puedan llamarle Dios y me gané por sobre todo a mi mismo, porque estaba destinado a caer nunca, a respirar bajo un equilibrio que jamás quise.

Y era una cosa de repetir y repetir el momento. Una y otra vez la entrada y la no salida a ese lugar. un círculo infinito hacía abajo. un laberinto. hacía un centro que nomás se podía ver si estabas arriba, si eras el puto dios que lo gobierna todo, que lo entiende todo pero que no baja para darte un susurro de claridad. No está riendo, no sabe cómo hacerlo, hay que tenerlo en cuenta, es un viejo arrepentido y sombrío que nomás entiende lo que hay debajo de él, no lo que está arriba. hay una igualdad en proporciones extrañas.

Creo que ella no sabe lo que es el exilio, lo que es partir y llegar dando dos pasos a un lugar completamente diferente al que estabas hace un momento. Lo que es abandonarse, porque si no te abandonas te mueres y te mueres en medios términos. Dice que te vas quedando sola, que ya no tienes amigos, que nadie te soporta, que la familia te tiene lástima. Entonces, claro, sí, ella no lo sabe y cualquier explicación que le pudieras dar en este momento resultaría notoriamente pedante y le ofrecería más armas para seguir con esa lista de síntomas que son tu enfermedad indefinida, según su rápido diagnóstico de mina-feliz-con-pololo-estable. Y tú no te arrepientes de las cosas que le acabas de decir: que no piensas, que no tienes memoria, que te crees una hermanita de la caridad, que eres igual a mi tía. Que todo es una maldita solución parche. Que los libros, que la sicología, que observar… ¡Que no vayas a sacar a mi viejo de la comisaría!. Y el sillón blanco sigue en su lugar, ella sentada con restos de lágrimas en la cara, despeinada y triste. tú tratando de dominarte, dejar de ser el desastre que toda esta mañana has sido o desde anoche o desde el viernes, aún así no la calmas, no te acercas, no la abrazas, no dices lindas palabras. No tienes lindas palabras. No sabes quién es.

Tengo una pistola apuntándome y una matriz desbordada de olvido. Tengo una pistola apuntándome y es mi propia mano la que sostiene y no aprieta, tampoco suelta. Tengo una pistola apuntándome y se queda quieta mientras me pregunta cosas muy bajito, tanto así, que nada puedo entender y el ritmo cardíaco se torna violento, y esa mano está a punto de apretar un gatillo, está a punto de quitarse la vida. Esa mano que supo decir cosas, muchas, y que no supo como continuar las líneas que seguían a ese texto que pondría fin a la angustía, un poco de ella, a la interrogante. Y esa mano comprendió un poco más arriba, conectada a una masa viscosa, a un corazón que latía, no como ahora, sino menos, más calmo, más ido, comprendió que no había línea siguiente para ese texto, ni siquiera extravíada la línea, ni siquiera en vías de existir. No existía. No.

L que perfectamente puede ser T o G le teme a los fantasmas y les dice fantasmas, pero no sabe bien qué son esos sonidos que se producen bien en el fondo de ese vacío que baja por toda ella y se desparraman formando círculos, cuadrados y hasta fractales, sí, fractales. L ya no quiere a nadie por sus libros o por su pico grande o por sus manos, en realidad L olvidó como amar o tal vez nunca lo supo y se enreda, se enreda en mentiras innecesarias para ella misma porque está bien vacía y loca la mina, porque dice que perdona que entiende, que todo está bien, pero en realidad no está todo bien, porque durante el proceso hacía algún lugar mejor todo parece caer en espacios de los que aparentemente no va a salir jamás y la respuesta es jugar, es mover cartas, es rayar una hoja que en un comienzo es blanca y luego tiene manchitas y que parecen decir algo, pero luego se da cuenta que comienza a hacer rayas encima de otras y ya nada se entiende, la salida es ninguna parte y las ganas se pudren.  La verdad es que la otra orilla o en este caso, la siguiente hoja está bien lejos y la minita sabe que en esa próxima hoja hará lo mismo, porque no es que no entienda, es que no puede hacer mucho para dominarse, dominar. Creer. se gasta  muchas horas mirando por la ventana tratando de pensar, de no pensar de seguir haciéndose la tonta, la linda. Y todo esto puede parar bien pronto, de un abrir y cerrar de ojos, puede decidirse, puede escoger darle forma al vacío, darle la mano a X y sentirse como la mierda como la mierda, pero una menos vacía de todos modos. El vacío de X es más ordenado, tiende al cuadrado.

Hace rato que M aprendió a decir no al momento de pasar la libreta, a decir que no tiene, que está vacía, que nomás es ella, eso, que está vacía. Hace rato que se hace la tonta, la tonta weona, pero la tonta al fin y al cabo y es que hay mucho de eso, porque recuerda y entonces cierra los ojos y se opaca el pelo, ese brillo, se enangosta las caderas y se torna diminuta. Nunca más reírse, aunque frente a ella tenga al príncipe de los años, de las experiencias, al cabrón oscuro, al recuerdo hecho experiencia. Se calla y decide dilatar un poco más la noche, que nadie sepa consumirse el ritmo desefrenado de las noches, que nadie sepa reconocer lo calentona que se pone la tonta cuando algo está desequilibrado. Entonces, escuchamos ritmos añejos de nuestros cuerpos vivos desde el año anterior, esperando a que aparezcan cuando nuestros cuerpos muertos de ese año regresen con las ganas hechas pedazos, aunque hace rato que M aprendió a no pasar la libreta a decir que no tiene, que está vacía, que se hace la tonta hueca, la tonta weona otra vez.

Estoy ahogada de palabras que entran por los ojos y salen por ninguna parte.

Esta carencia infinita de una mano que acaricie.

Estas ganas que se dispersan entre tantos borradores que no son aprobados. Esta improductividad. Esta abulia. Estas ganas de que todo termine pronto, que se acabe, que tirite, el temblor sentirlo para siempre, sentirlo, pero no sé en dónde. Este soliloquio que se torna monólogo y que me da asco. Esa mano que recuerdo y que entra por la boca para que algo salga y que llega a hacer sangre. Esa mano que entra por la vagina para que algo se quede más rato, para que me quede más rato, para sentir algo, dejar la nada. Pero esa mano ni ninguna llega tan adentro. Este vicio, este estar despierta, tener miedo sin capacidad de reconocimiento pleno.

Y escribo para alguien que nunca va a estar aquí o que llegará muy tarde y yo ya me abré cansado. Se me habrán terminado las fuerzas. Todo cambia muy rápido y no me doy cuenta. Envejezco bajo otros términos.

Que sí, zorrito, te entiendo, te entiendo, te entiendo. Yo entiendo a todos los querubines que han venido a llorarle alguna vez a esta faldita. Los entiendo más allá de su propio entendimiento. No se trata de un terreno vasto.

***

Primer intento: Hubo un tiempo en el que yo, Julita Maggy, enfrentaba los problemas, los pensaba, los calculaba y hacía algo más que arrancar, que evitar, que cambiarme de casa muchas veces por no tener ganas de oír los mismos ruidos en otras voces, las mismas canciones en otras bocas. Sabía cuánto tiempo duraba una hora, cuántas horas traía un día. Cosas como esas…

Segundo intento: Hubo un tiempo en el que yo, Julia Maggy, enfrentaba los problemas y le caía bien nomás a la mitad de gente que ahora, en realidad mucho menos de la mitad. Me enojaba, tenía enemigos y no escapaba. No tenía la maleta lista todo el tiempo para partir a la primera, incluso antes de la primera. Eran tiempos en los que tenía mayor conciencia del tiempo. Eran días en los que era capaz de enamorarme o de…

Tercer intento: Hubo un tiempo en el que Julia Maggy enfrentaba los problemas. Eran tiempos en los que le caía bien nomás a la mitad de gente que ahora, en realidad mucho menos de la mitad. Se enojaba mucho y tenía enemigos con los que discutía demasiado. En esos tiempos Julia Maggy no escapaba. Dormía poco, igual que ahora, y nunca estaba en paz, igual que ahora…

**

Julia Maggy dice: No sé si me va bien escapando, pero es tan fácil que vale la pena intentarlo siempre. Eso de arreglar los problemas pasó de moda en mi universo hace rato. Me volví matemática de tanto juntarme con Diego, el único cuadrado que conservo. y es que el amor es una tontera que no entiendo. a mi me va bien con los buenos sentimientos. La buena onda. No quiero a nadie especialmente para mi, así que, de buenas a primeras no me parece posible pasarme películas…

Lo decidió mientras apagaba el cigarro con fuerza, de un sólo golpe, en el cenicero plateado. Dió un grito a pesar de la costumbre, a pesar de que todo lo que circula por dentro de esa cabeza terrosa debía ser silencioso. Palabras, nítidas palabras, pero sin emerger. sin pronunciarse. entonces, no lo dijo. llena de contradicciones y luces medio ciegas tan imaginarias. levantó un poco más fuerte las palabras y casi grito. Nuevamente dejando en claro que no hubo absolutamente ningún sonido.

Recordó que tuvo una muñeca pelirroja cuando era pequeña. muy pequeña. cuando su mano se deshacía en la de su abuelo. ese viejo conchesumadre que la manoseaba y la quería tanto. Y por un tiempo quiso ser esa muñeca. Tratar de robarse del aire todo lo que pudo quedarse nunca.

Esa noche había estado más loca que de costumbre. Se casó con un perro. Ella-lanoche y el perro. Se lo tiró por un par de horas y cuando amaneció pudo ver su rostro [El-de-ellos] en el charco de sudor. Pudo ver la baba que le corría por las fisuras de su hocico. Respiró y reconoció el hedor que desprendía. Un hedor amarillento. Dejó de ser la niña de su abuelo, de su madre y de todos los malparidos que alguna vez le pusieron la mano encima.  Ahora era un lobo hediondo e iría en busca de compañía. La no-niñita por dentro le cantaba con voz tan dulce que el lobo tenía náuseas y lo hacía más feroz. Como esa espina. La no-niñita-espina:

Porque no quiero rojo
no quiero seguir bailando
ni jadeando
ni deseando
porque quiero permanecer callada
quieta, sumisa
Porque no me quiero comer el mundo
y porque a veces quiero que me coma
que se transforme en lobo
que me arañe la carita
me deje marcas
me mastique y me escupa
me haga rayas
me chupe
me  deje marcas
tibia
con una mano, sola, me apriete la boca
los gritos. el jadeo. mi deseo.
me deje muda.
sin recuerdos. sin pensamiento. sin decisiones
inercial.
que diga todas esas cositas muy bajito
que nadie lo escuche
que siga intacto
que siga vivo
rompiéndose rompiéndose.
rompiéndome.

If you need me. Me and Neil ll be hangin out with the Dream King

No God but a Swastika

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"I'm a marionette" - POP Spring/Summer 2007 (No. 15) - Mert Alas & Marcus Piggott

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