You are currently browsing the category archive for the 'Delirio' category.
Me traes que me matas, encanto. Dulzura, dulzura, dulzura. Me traes llorando cada noche desde hace tantos años. Te conozco desde siempre, sin embargo, cambias para que puedas doler de diferentes modos. Ya sabes “cualquier estímulo constante deja de ser un estímulo”, dijo el indiecito gordo.
Así qué, esta noche somos tú y yo. Como todas las noches, sólo tú y yo y este destripamiento y estas lagunas saladas que sólo te provocan risa. Dices que soy patética y ya no quiero pelear pero te miro. Te miro y recuerdo a Rimbaud, entonces, te siento en mis rodillas. Eres tan liviana que das pena. Pienso que debería alimentarte mejor. Dejar de llorar y alimentarte. No sé qué te gusta. Tantos años y no sé qué comes. Me comporto como mi madre. Par ella soy esto que tú eres para mí. El porqué me siento tan violenta. Tan sol… Perdón, casi digo tu nombre. Dijiste que nada de nombres. Lo sé, lo sé. Pero es tan difícil no hacerlo, eres mi palabra favorita. Eres mi persona favorita. Sin ti sería sólo otra barbie sudando plástico. Tú me haces dura, cariño. Me haces reconocible desde el espacio.
No puedo ir a casa, le dijo. No puedo ir nunca más allá porque queda muy lejos, porque no hay pasaje de regreso. porque me he obsesionado por primera vez y este es el precio. No regresaré porque ya no puedo. No estoy solo y me detienen y quiero que me detengan. Necesito que lo hagan, porque de lo contrario no habrá valido la pena, habrá sido sólo un evento. Algo momentaneo, lejos de todo esto que estoy sintiendo ahora, que es un vacío y un reconocimiento. Me perdí, morí antes de tiempo, le gane a todo esto, le gané a lo que puedan llamarle Dios y me gané por sobre todo a mi mismo, porque estaba destinado a caer nunca, a respirar bajo un equilibrio que jamás quise.
Y era una cosa de repetir y repetir el momento. Una y otra vez la entrada y la no salida a ese lugar. un círculo infinito hacía abajo. un laberinto. hacía un centro que nomás se podía ver si estabas arriba, si eras el puto dios que lo gobierna todo, que lo entiende todo pero que no baja para darte un susurro de claridad. No está riendo, no sabe cómo hacerlo, hay que tenerlo en cuenta, es un viejo arrepentido y sombrío que nomás entiende lo que hay debajo de él, no lo que está arriba. hay una igualdad en proporciones extrañas.
Creo que ella no sabe lo que es el exilio, lo que es partir y llegar dando dos pasos a un lugar completamente diferente al que estabas hace un momento. Lo que es abandonarse, porque si no te abandonas te mueres y te mueres en medios términos. Dice que te vas quedando sola, que ya no tienes amigos, que nadie te soporta, que la familia te tiene lástima. Entonces, claro, sí, ella no lo sabe y cualquier explicación que le pudieras dar en este momento resultaría notoriamente pedante y le ofrecería más armas para seguir con esa lista de síntomas que son tu enfermedad indefinida, según su rápido diagnóstico de mina-feliz-con-pololo-estable. Y tú no te arrepientes de las cosas que le acabas de decir: que no piensas, que no tienes memoria, que te crees una hermanita de la caridad, que eres igual a mi tía. Que todo es una maldita solución parche. Que los libros, que la sicología, que observar… ¡Que no vayas a sacar a mi viejo de la comisaría!. Y el sillón blanco sigue en su lugar, ella sentada con restos de lágrimas en la cara, despeinada y triste. tú tratando de dominarte, dejar de ser el desastre que toda esta mañana has sido o desde anoche o desde el viernes, aún así no la calmas, no te acercas, no la abrazas, no dices lindas palabras. No tienes lindas palabras. No sabes quién es.
Estoy ahogada de palabras que entran por los ojos y salen por ninguna parte.
Esta carencia infinita de una mano que acaricie.
Estas ganas que se dispersan entre tantos borradores que no son aprobados. Esta improductividad. Esta abulia. Estas ganas de que todo termine pronto, que se acabe, que tirite, el temblor sentirlo para siempre, sentirlo, pero no sé en dónde. Este soliloquio que se torna monólogo y que me da asco. Esa mano que recuerdo y que entra por la boca para que algo salga y que llega a hacer sangre. Esa mano que entra por la vagina para que algo se quede más rato, para que me quede más rato, para sentir algo, dejar la nada. Pero esa mano ni ninguna llega tan adentro. Este vicio, este estar despierta, tener miedo sin capacidad de reconocimiento pleno.
Y escribo para alguien que nunca va a estar aquí o que llegará muy tarde y yo ya me abré cansado. Se me habrán terminado las fuerzas. Todo cambia muy rápido y no me doy cuenta. Envejezco bajo otros términos.
Que sí, zorrito, te entiendo, te entiendo, te entiendo. Yo entiendo a todos los querubines que han venido a llorarle alguna vez a esta faldita. Los entiendo más allá de su propio entendimiento. No se trata de un terreno vasto.
***
Primer intento: Hubo un tiempo en el que yo, Julita Maggy, enfrentaba los problemas, los pensaba, los calculaba y hacía algo más que arrancar, que evitar, que cambiarme de casa muchas veces por no tener ganas de oír los mismos ruidos en otras voces, las mismas canciones en otras bocas. Sabía cuánto tiempo duraba una hora, cuántas horas traía un día. Cosas como esas…
Segundo intento: Hubo un tiempo en el que yo, Julia Maggy, enfrentaba los problemas y le caía bien nomás a la mitad de gente que ahora, en realidad mucho menos de la mitad. Me enojaba, tenía enemigos y no escapaba. No tenía la maleta lista todo el tiempo para partir a la primera, incluso antes de la primera. Eran tiempos en los que tenía mayor conciencia del tiempo. Eran días en los que era capaz de enamorarme o de…
Tercer intento: Hubo un tiempo en el que Julia Maggy enfrentaba los problemas. Eran tiempos en los que le caía bien nomás a la mitad de gente que ahora, en realidad mucho menos de la mitad. Se enojaba mucho y tenía enemigos con los que discutía demasiado. En esos tiempos Julia Maggy no escapaba. Dormía poco, igual que ahora, y nunca estaba en paz, igual que ahora…
**
Julia Maggy dice: No sé si me va bien escapando, pero es tan fácil que vale la pena intentarlo siempre. Eso de arreglar los problemas pasó de moda en mi universo hace rato. Me volví matemática de tanto juntarme con Diego, el único cuadrado que conservo. y es que el amor es una tontera que no entiendo. a mi me va bien con los buenos sentimientos. La buena onda. No quiero a nadie especialmente para mi, así que, de buenas a primeras no me parece posible pasarme películas…
