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No hay quien espere
en rostro de muchacha
zapatitos no encajan
es ancha la envoltura
los pies en roturas
empalpe con la muerte
la rotura de los gestos. la imagen fraccionada. te has ido y no has vuelto. hace nunca que estabas. he de cuestionarte tanto. de no conocerte no te conozco. lo repito y es exacto. no puedo hacer cuando los lugares son tan altos. que una torre de babel pudiendo dimensionarse en un espacio podría habernos funcionado. podría habernos dado instrucciones confiables para habilitar un espacio más allá de los silencios que tú, padre, siempre y yo nos estuvimos evitando. ya no es hora el conocerse, ya no hay encanto en ningún gesto. el corazón aprieta y es humano. la huida se ha hecho consciente. y de apretarte nos desangramos. me enseñaste a ser pajarito de jaulas torpes y siniestras. me enseñaste que una mano son cinco dedos no aferrados.
Y tras un siglo de investigaciones ininterrumpidas habían dado con las pruebas que develan lo que hay después de la muerte. Todo había comenzado cien años antes, cuando el doctor Burroughs dedujo tras un trance inducido lo que podría haber después del cese de la respiración humana. Lo que vio le afectó los nervios y perdió el liderazgo del equipo que encabezaba desde que se tituló en la prestigiosa universidad de Rueles, pero antes de ser internado en un psiquiátrico garabateó en unos folios lo mejor que pudo lo visto. y con esto, el equipo de científicos pudo resolver lo siguiente: somos la única parte de una especie de cadena alimenticia de los Zimibrios. Seres etéreos que se alimentan del alma humana tras el fallecimiento de un hombre. Después de morir somos el alimento de unos seres que nos cultivaban como plantas y a la enorme jaula le llamamos tierra. También concluyeron que sólo les servían aquellos cuyas muertes fueran naturales o provocadas por otros y las grandes guerras eran planeadas para abastecerse en las magníficas celebraciones que los Zimibrios organizaban de cuando en cuando. Las almas de los suicidas no podían ser digeridas, por lo tanto, a lo largo de la historia de la humanidad habían tratado de evitar de todos los modos posibles que el hombre llegara a esta práctica. Odiaban Japón, lo consideraban un foco infeccioso en torno al suicidio y muchas veces habían intentado deshacerse de esa porción de tierra.
Y no había una sola historia completa que contar
estaba fracturada
broken broken broken
y sólo podía mostrar pequeños trozos
partes que pudo haber sido o hecho pero nada entero
filtrada y adormecida en aquellos lugares
donde no había más que un pozo infinito
I
Eres destrozona y burlona. Eres tan preciosa, mi pequeña mojigata. Mi escolar de jumper oscuro y cortito. Mi rica colegiala, mi estrella que se apaga. Mi reino que tirita que se asoma y que te asola. Que te hace pedacitos rendida en mi cama. Y yo canto a este son lleno de puntitos que es tu cara y esa tirita negra que cae por tu brazo, que me enciende, que me llena, me revive y que me atonta. Me tienes en tus manos, nena. Me tienes en tus manos, nenita. Este son es nuestro. La eternidad es tuya. Yo voy hacía abajo rezándole a las monjas de tu colegio. Pronto perderé la conciencia. Pronto nomás seré yo, y tú te irás lejos a pensar en tus sueños, en tus planes. Aunque sólo sea a pensarlos y no a cumplirlos. Porque eres muy chiquitita, mi pequeña. Eres tan torpe aún. No sabes que el lobo está en cualquier esquina de ninguna parte y pronto dejarás de creer y me recordarás a veces y me encontrarás divertido aunque yo tenga nada de divertido. Necesito un poco de ti para llenarme, para creer, un poco. Para volver a escribir estas largas líneas que tienen tu nombre, tus curvas, tus sueños, que alguna vez fueron mis sueños y que ahora ya no están pero los veo en tus ojos y los recuerdo porque tengo buena memoria, pero soy un pobre muerto de hambre y de sueños que es peor que cualquier hambre. Te dedico unos trozos de esta canción que duele y que me hace pedazos y te sigo manoseando y llegando hasta dentro de tu concha suprema, de tus lealtades y hasta más abajo, porque siempre quise vivir allá abajo y quise tener esa concha y quise rezar en tu boca y siempre quise nombrar en tu nombre.
II
Tú acabas de pasar detrás de mi mientras estaba borracha absorbiendo los últimos versos de un muerto. No, no los últimos, pero los últimos. Mis últimos versos de ese muerto. Es todo tan romántico entre nosotros, mi amor. Es todo tan ocaso, tan rayas por todas partes. Son tus lentes que dejas a un lado para quedar ciego y que me enciendo, digo, o sea, pienso.
III
Quiero un vino del valle del uco!
y terminar pulverizada entre los brazos
de muchos hombres oscuros
de pieles oscuros
acabar entre sus brazos
de todas las formas posibles.
IV
Que no olvide me dice el hombre nevado y yo lo miro sin decir palabra. Como explicarle que soy puro recuerdo. Puro añoro. Puro anhelo de momentos que se han ido. Soy la añoranza del pasado en cada situación que se presenta. Impronunciablemente arrebatada por tiempos que se han ido y que no van a volver. Y hay un nombre y un hombre que no deja de sonar en mi cabeza. En mi corazón que es mi sangre. En los pasos que camino al ritmo de esas letras que no puedo sacarme del fondo de este mostreo que parece ser una mujer y que es también un espanto y un jolgorio. Arrebato arrebato. Jolgorio. Y hay un nombre y un hombre desde hace un año. Durante gran parte de éste cogida de un deseo único, punzante, transparente. También de un lugar. Se recorría entre su casa y la mia. Entre paradas y lugares, muy pocos, en los que habíamos estado. Miradas que se detenían siempre, obligatoriamente cuando pasaba delante de ellos. Me saltaba el corazón. Los recuerdos se hacían parte del recorrido. Tu nombre, siempre ese nombre chorreando en mi cabeza y ya tengo que dejarlo. No puedo seguir aferrada a algo que no tiene y que en realidad nunca tuvo. Un desliz, una jugada poca en una ciudad sitiada por lo opaco todo el tiempo. Holy, holy. Y dije que lo cerraría vivo pero abro los ojos y escucho las voces ¿cuántas veces más le cantaremos a esto?.
V
No me gusta tanto abrir puertas
menos cerrarlas
quisiera que todas estuvieran abiertas
eso me recuerda un par de versos de Adrianne Rich.
VI
Me pregunto dónde está la puta muñeca. En qué vertedero. Quizá en uno mejor que el mio. Quizá simplemente ya no existe. Se la tragó el mar, se la tragó la tierra, se la tragó el cielo. Me la tragué yo a causa del hastío y las ganas locas de quedarme con nada.
VII
Habla el narrador:
Me gustaría ser como el gato que pone su patita en la ventana y no sabe que más allá hay un mundo diferente al suyo que nomás es este departamento de dos dormitorios, baño, cocina y living comedor. Mira las luces que se apagan y encienden, no sabe que hay quienes las regulan, un sistema, hay horas, minutos y segundos y una espera punzante a la llegada del apocalipsis.
VIII
Nos despedimos en el mismo lugar dónde comenzó nuestra historia hace tanto y ni tanto tiempo. Todo es tan relativo en torno a éste. Me entregaste dos libros, uno que me tenías y otro de regalo. Nos dijimos adiós con un beso en la mejilla bien lejos de la boca. Tenías miedo, no sé, de toparte una vez más con algo que pudiera deshacerlo todo y ese todo que es tan nada, tan poco, tan estúpido. Aunque la verdad yo no quería ni deseaba tu boca. No sabía muy bien qué hacía ahí la mia.
Me divierte estar contigo. Siempre hay melancolía en tus ojos negros y en tu cara de niño lastimado. Siempre hay algo que piden y que rechazan y suele ser la misma cosa. Yo siempre te entiendo, pero me burlo y me río mucho así que crees que siempre estoy bien porque me río más que cualquier otra cosa y hago tonteras y dejo que me chorree el helado por la mano y que se caiga en mi ropa y tu con las servilletas siempre, porque a mi se me olvidan.
Hoy nos mirábamos mientras nos balanceábamos en esas cestas gigantes que pusieron abajo del Bellas Artes para esa exposición que no teníamos idea cuál era sino hasta el final que subimos y preguntaste. Nos mirábamos y hablábamos mal de todos los poetas que conocemos y no entendemos o sólo un poco.
IX
Mira, Bruno, hijo de putas. No, no miris, mejor escucha. Sí, mejor métete esta webada bien dentro de esa cabeza que tenis y de una vez por toda convéncete, convéncelos: nada es para siempre, weon. A lo que le tenis tanto orgullo no le queda mucho tiempo y te vai a comenzar a caer a pedazos gruesos y estarán todos esos pedazos repartidos por el sucio piso de tu departamentito de Santiago Centro. Ese que la nana aspira cada miércoles pero que no alcanza a llegar limpio ni al viernes porque eres un cerdito. Estarán ahi botados los pedazos y tú los podrás ver y no sentirás nada, porque con lo que sentías, sí, eso con lo que sentías lo tiraste hace rato, apenas nacido por el culo. ¿Lo recuerdas, bruno?. No, no lo recuerdas y te hai hecho el weon todo este tiempo. Jugando a qué sentis tantas weas diferentes, tantas weas especiales, pero es lo mismo y lo mismo.
X
- Los niños se comerán el mundo.
- ya no soy una niña y no me quiero comer el mundo. Me estás dejando.
- Yo nunca seré lo suficientemente grande.
- La mitad. Sé la mitad. Quédate en ella.
- estaré en la mitad. No, tampoco.
- Entonces en el principio o el final, da lo mismo.
- …
- Todo es la misma cosa punzante y despiadada que tirita dentro de un ojo vacío infesto.
XI
Sería loco que ahora el tipo empezara a monologuear, ahora que ha quedado solo. su hermano se fue al pueblo a comprarle algo de ropa, está hecho un desastre, usa unas de esas chalas con calcetines gruesos. Andaba por el desierto. No sé cómo pudo sobrevivir. Parece como si todo el tiempo intentase huir, pero no de ese lugar. No del que podemos ver, sino de algo mucho más adentro.
- Lástima que las cosas no se vean así desde la tierra.
- de qué hablas?.
- de la perspectiva.
- no te entiendo.
- hablo de que desde aquí arriba podemos ver como se ve todo, allá abajo nomás vemos un frente, una cara, a veces una salida, pero desde aquí arriba nos podemos dar cuenta que esa salida puede terminar en nada, entonces, lástima que las cosas no se vean así desde la tierra.
XII
Estoy enamorada de ti. Pero no te lo diré (quizá un poco, sí). No sé por qué, sólo siento que agradezco poder estarlo y más que nada reconocerlo, poder unir estas palabras y armar una frase sencilla pero tan importante que rebota en toda yo.
XIII
Veo un vacío y es lo que me conviene vaya primero, el vacío superlativo. El vacío para ti, para ti, para ti.
Dicen que mi principal defecto es que pienso mucho y que también es mi principal virtud.
Dicen que llevo una pequeña quintrala dentro de mi y sí. Pienso que la adoro, pero intento deshacerme de ella cada día de mi vida porque hay que aspirar a lo mejor de cada uno y no aferrarse a esos rasgos que nomás hacen daño.
Dicen que utilizo a L para hablar de mi, pero en realidad L no es más que una ramificación de una de mis tantas personalidades. No soy yo. Y yo no sé quién soy.
Digo que hoy he pescado cuatro nuevas canciones que me encantan de Tom Waits de su interminable discografía.
Si dijera todo lo que pienso luego de verte, no me quedarían palabras para una segunda vez, un segundo intento de llegar un poco más allá de la escalofriante realidad de que me importas menos que yo.
Mi querida Julia, debo cambiarte el nombre, debo impedir que te reconozcan y saquen conclusiones absurdas de quién eres, de quién no eres y por sobre todo de quién quiero que seas.
Tengo una enfermedad que es un cáncer de palabras. Estoy sangrando de cartas que no he escrito. De silencios que he guardado para no molestar o molestar menos. Para sentir que soy menos intensa y más persona de este siglo de mierda o de esta era de mierda. Estoy cansada de los errores que no cometo más que de los cometidos. Del protocolo. De lo prudente que intento e intento ser pero que no me sale, no me resulta. De toda esta liberalidad y de toda esta sentencia que es tenerlo todo y poder quedarte con tan poco, casi nada. Estoy harta de despertar, porque cualquier cosa parece mejor que estarlo, incluso una pesadilla. Estoy harta de no superarlo, de no superar el daño, los daños. tantos. de las despedidas, del abandono. del cuchillo de mi madre, del cuchillo de mi madre, del cuchillo que mi mamá que no me alcanzó a enterrar y que lo intentó hasta los dos centímetros. Me estoy desangrando y a esta tierra le gustan los desangrados. Las biblias de fuego nos han hecho inmunes a cualquier súplica, a cualquier empeño, a cualquier par de ojos llorosos y no sirve lo contrario. No sirve la piedad. No sirve empeñarse en ir en contra. hay que aferrarse a un dios dearticulado y rezarle cada noche e intentar sentir ficcionando la absolución. no hay que quedarse sin televisión, sin LUN o cualquiera de los dioses americanos.
Tú viste en esos ojos la mezcla exacta
cuando te nos atravesaste en vicuña mackenna
Tú viste el rencor llevado a lo eterno junto a lo opaco
me dejaste tranquila luego del grito
te quedaste tranquilo y seguiremos.
Otra más para esa colección de estatuas negras rabiantes
durante las noches menos llorantes
convertidos los líquidos en piedra
convertidos los charcos en mundos hostiles y siniestros
caracoles heridos caminando,
dejando claras partes
lo claro que no va quedando
entre la desesperación, la angustia.

es una lágrima
como caballos rápidos
que cae estampida
es de un brío que da muerte en campo seco
las entrañas punzando
no puedo dejar de nombrarte
de repetir en estampida
tus letras en mi cabeza
tus pasos mojan salado
dentro de lo implacable
mi corazón
cerrado ardiendo abriendo llorando
mi corazón
la habitación en llamas en donde me encuentro
escondo en el fondo para acabar
el efecto caracol
las heridas destruyendo y despertando
a quien en realidad se halla en lo hondo
de esa mezcla aullante de ojos cerrados
súplicas ciegas que a nadie sirven
los conchos de misma
de ella
yo
me pierdo en letra habitación náusea
me pierdo encontrándome
otra vez me pierdo
y enciendo con asco el próximo fuego
la próxima llama
la grieta que abrirá para mostrar la siguiente tiniebla
me cargo en mis brazos para salir en retirada
a lo mismo

La culpa toda la tiene el abismo. El saber nombrar las calles de ese laberinto sólo entorpece la completa pérdida. Se cae en un trance medio. Un pie en este misterio y el otro en esta réplica exacta, en una dimensión roja. La imaginación arroja colores que son como escopetas, la sangre por todos lados y todos estamos muertos. Respirando imaginariamente. Hay tantas botellas y cajas de estupefacientes. Somos el loquerío más patético de este país devorado desde adentro. Apuntamos y apuntamos y ya no podemos señalarnos sin traicionar. Los besos son armas. El toqueteo un trámite para terminar la noche. juego con tus dedos y no sé cómo devolvértelos sin que notes el vacío que cargo desde que sé nombrar las cosas por un nombre y por lo menos dos sinónimos.
A quién vuelvo?. Baudelaire.
No me gusta cómo suena tu nombre
entremedio de la nada.
esa pronunciación rítmica y oscura.
Te desangraste en el polvo
queriendo participar en esta fiesta imposible.
Nos llamas desde entonces
desde diferentes direcciones
y vamos
torpemente andando
nos encontramos
miramos diferentes rostros en la penumbra
que es tu imperio.
Por megáfonos a veces
dices cosas que creemos entender
y nos estremecemos,
pero, tu cabeza fue demasiado grande
y nuestros canales auditivos
muy estrechos.
Somos
la habitación en penumbra desde
donde lamentaste
haberte involucrado
sin haber encontrado una salida.
Algunos sabemos a ciencia
poco cierta
cómo es el lugar donde nunca descansaste.
Emborráchate.
ese imperativo feroz
muchos no tuvieron alternativa
y lo sabes.
Parece que te pude olvidar
mientras duraban las tiras en el cajón
ahora mi corazón parece que
va a morirse otra vez
y por la mismotra razón.
El mejor polvo de mi vida encuadrado en ese disco bajito de la PJ. El mejor polvo de mi vida y me jalaste desde las tinieblas. Me apretaste contra tu pecho. Eres tan grande, tan amplio, que vale la pena sentirse pequeña entremedio de tu fisonomía. De tus besos que no son palabras. No son susurros. No son una historia de despiertos.
