Es que creo no va de sentimientos, o sea, mira, mi cuerpo podría acostumbrarse al suyo, mi cuerpo podría llegar a necesitar el suyo, pero siento que algo dentro de mi defiende a otro algo como leona. Como leona bastante abúlica, pero leona al fin y al cabo. Y, en el fondo es bien simple, tengo que olvidarme de todo esto. alejarme de los minos que me crean un problema, aunque no sean problema. Lo que me da lata, es que llegará el día en que me arrepienta y quizá él ya no esté, pero si está, también es un desastre. No puedo querer a un mino iceberg.
Te pido que veas dentro de mi, que yo ya no puedo. Que hace mucho me perdí. que ya no importa, que mejor no lo hagas. Mejor olvídate de todo. De mi nuevamente. De todo, sabes?. a veces logro comprender ciertas cosas, saber porqué estoy aqui, sola y no en cualquier otro lugar también sola. Logro entenderlo y lo disfruto pero el corazón no late, el corazón sigue intacto bombeando sangre, no hay una reacción química. Un adelanto corporal. La razón, el esfuerzo inexpresivo.
dejo de tiritar cuando los sorbos son suficientes
cuando las palabras más fuertes y claras
logran despejarme de ese lugar que no es este
y es ningún otro
es un esfuerzo por pertenecer cuando arrancas
Supe que era hora de abrir la hoja. No la sencilla. El tiempo que pasó y los pequeños problemas que se habían originado por irregularidades de esta parafernalia cedían. Supe que había algo que decir desde hace mucho tiempo y lo dije o estaba a punto de hacerlo, entonces, la cabeza me daba vueltas y la música cesaba.
Aparentemente todo iba bien pero nada puede ir bien, porque la vida es así, no puede comprenderse en hitos buenos simplemente, las cosas tienen que descalzar alguna vez. Tienen que moverse hacía el lado tormentoso y sólo entonces sabes que estás vivo, que ejercitas la palabra.
Sólo por si acaso enciendes la grabadora, presionas play y piensas que algo de aquello quedará fielmente atorado en la cinta. Luego, sigues caminando y parece como si el mundo se hubiese detenido, pero nada, todo sigue como entonces para un porcentaje considerable de sociedad, y comienzo a utilizar esos términos tan comunes y garrafalmente desalentadores y te das cuenta que nada ha cambiado. Vuelven a surgir las mismas locas ideas en la cabeza. Dices locas pero ninguna idea tienes de lo que realmente significa, porque todo está condicionado a lo que te sopla la Historia. Lo predeterminado, las vocaciones y las palabras subrayadas en rojo te descomponen y te pones ciega o sorda o muda o todas juntas o la mezcla de las tres pero sólo sabes que estás perdiéndote. Que estás perdiendo algo que debería estar fielmente plasmado en alguna parte, en algún lugar. Un día morirás y todo se irá contigo o sin ti y sólo quedará el poco de aire que alcanzaste a guardar antes de la última oportunidad, pero que anteriormente había pasado como si nada, diciendo hola y adiós o hasta luego. Nada servirá en el lugar hacía donde ahora te diriges.
Un movimiento deja al descubierto la inseguridad que arraigada albergas y no sabes si está bien o mal pero tampoco es que te interese mucho. Tu fluyes o por lo menos crees hacerlo hasta que un día algo crezca o se fortalezca, sí, porque en lugar de llamar madurez a todo ese proceso debió llamarse fortalecimiento, y de ese modo nos hubiéramos evitado tantos jodidos lamentos por utilizar mal un concepto que a todo el mudo constantemente alcanza.
Yo quiero corregir con mis manos, con las dos hasta saciarme, hasta llegar al maldito orgasmo y no hablo de masturbación, hablo de forma literal, sin metáforas, sin ocultar lo que realmente tengo que decir pero que no vale la pena porque finalmente se entenderá como se estime conveniente.
El combustible quemándose y perdiendo el efecto. Necesito estímulos tan grandes o por el contrario, no sé que necesito para desprenderme, para saber y reflejar lo que quiero, lo que me haga engrandecer, he entendido que escribir es un fenómeno contraproducente porque sólo otorga un posterior análisis que no debería venir al caso, el idioma, el arma de doble filo con el que cotidianamente nos hacemos, la vida o lo que sea conveniente dejar en claro, “palabras, tan sólo palabras hay entre los dos”. Ahí debieron ir tres pero no me atrevo.
Dije que mañana sería cuando, sin embargo, mi memoria es frágil o lo dicho hace un par de minutos parece no haber cruzado el umbral de discernimiento. Sólo el decir por hacerlo y una de esas frases venidas de otra cultura se agolpan en la cabeza y yo me niego a que vengan a cuento en esta pseudorealidad.
Tan censurada y yo me rebelo e intento que esto no dure para siempre. Que mi libertad se rebele que mis ojos y mi mente lo hagan, que me ayuden a seguir los pasos que en alguna parte dicto, desde algún recóndito lugar que aún no sé distinguir, pero que se rebelen, lo importante es no aplacar, no terminar la lucha que me he comprometido a realizar. Necesito moverme de la forma sé es correcta, la mejor, la que me llevará a estar feliz. “qué es más importante, la felicidad o la libertad?”, una lleva a la otra, sin la última no es posible la primera, y por lo mismo, no se pueden priorizar, simplemente saber cual es el tiempo para cada una. Deambulando en ambas podrás algún día encontrar el equilibrio de sus significados, de su música, su canto, deambulando en ellas de la forma correcta podrás dejar de pensar en ellas y cuando dejes de hacerlo sabrás que has llegado finalmente al cabal significado de éstas. Suena reiterativo, parece un maldito juego de palabras, pero las palabras lo son. La forma tenemos de poner sonido a lo que significa existir, las palabras son la música de nuestro paso aquí, en la tierra, en el mundo, algunos se esmeran en poder perfeccionar el arte y se pierden en él. su vida basada en posicionar de la mejor habitación a las palabras, olvidándose de la vida y el motivo y lo que viene después de… No es necesario que siga porque me estaría perdiendo en la misma melodía inadmisible, un montón de papeles y sólo uno con algo realmente significativo e importante. No soy yo quien para discriminar ante tantos, pero sé que en el fondo tengo razón, aunque el fondo esté demasiado alejado de mi posición actual.
Mucho se ha perdido, mi pornografía infantil, barata. Mi guardia a la misma. Mis alucinaciones respecto a ésta. Mi miedo, y ¿ahora qué? Ahora no me importa sólo porque he dado un paso hacía delante en la materia, porque la vergüenza ya está bajo otra escala de diferente envergadura. Porque, no se puede mirar atrás con el mismo ojo crítico. Ya no existe, simplemente, la inocencia que en aquel entonces empañaba.
¿Esto me defenderá de algo?, ¿alguien alguna vez me defenderá de algo?, ¿realmente lo hará? sin dejarme en el camino olvidada, olvidando mi cara, el color de mis ojos, ¿alguien podrá ver alguna vez realmente el color de mis ojos? la expresión de éstos, la telaraña impregnada de tantas lágrimas que algún día fueron derramadas y que ahora son incapaces de derramar. Simplemente las perdí pero no todo lo está y aún sigo. Sólo dejando entrever, sólo permitiendo ver lo que me conviene. Aunque esté segura de todo lo contrario, aunque crea que no estoy perdida entre los parajes de Santiago.
Esto fue todo lo que un día tuve y ya no tiene ningún significado, simplemente huellas de un pasado que creo, a ratos, a tantos, haber olvidado. De un pasado que ya no me representa, que ya no representa la caída de una muralla, de un puente, de una salida hacía la luz, porque la luz ya no brilla. Ya no cubre. La luz está envuelta en papeles de colores que nada son.
Algún día te escribiré cartas, llenaré el buzón de tu nueva dirección de papeles, diciéndote cosas que ahora no soy capaz de decir, algún día estaré a tu altura. a la altura de quien habría podido seducirte hasta el final del mundo para construir una historia sin libertad pero feliz, sin ataduras ni límites, una suerte de derrumbe en el que todo después de él sería mejor y sólo por eso habría valido la pena intentarlo. Se ganaba o perdía. Íbamos a ganar pero quizá también a perder y de esa forma la trama se construye.
Qué es lo que se resiente en el ser humano cuando comienza a perderse del camino que lo llevaba a lo que alguna vez quiso con completa convicción. Una ensoñación magnífica. Las ganas de poder llegar a obtener lo que en mente se traía y queda ahí tirado por posiciones mundanas que le mantenían sin cuidado anteriormente y que ahora le llenan de una fuerza opaca. Reacciones bioquímicas.
Los dos se perdieron esa mañana de invierno por la ciudad. Sevilla despertaba preciosa bajo su gélido manto de mediados de enero. El termómetro marcaba pocos grados sobre cero y ellos se envalentonaban bajo los primeros rayos de sol. Por variar, en un día carente de rutina, pero no de tristeza. Los dos tan tristes por la ciudad. Se traían consigo recuerdos que les pesarían con el paso del tiempo, que se les pegarían a las entrañas como cánceres, pululando, por sus cuerpos. Dejándoles las horribles marcas de aquella enfermedad de la que ya eran víctimas.
Ellos se amaban, nadie niega que se amaban. Ellos querían que ese día fuera eterno. Pero la tarde les llegó pronto y casi se va todo a la mierda. Debió haber sido ese el momento. Mucho mejor, más dramático, más exquisito. Sin pretensiones posteriores. Sabiendo que ahí todo había acabado. No extendiendo la agonía. El cadáver de un amor primigenio. Un amor desbordado, estúpido e ingenuo. Un amor que nace sólo una vez, jóvenes, y se pierde cómo la virginidad. es la verdadera virginidad.
Los años debieron transcurrir para advertir que no fue más que una ensoñación. Éramos como niños. Niños con un elemento nuevo; el sexo. El sexo para partirnos en dos el cuerpo y las ganas. Urgentes las ganas de cogernos, desbaratarnos. Arrancar, con lo que teníamos a mano la piel. Uñas, dientes, lengua, levantando cada uno de los paneles que nos permitían estar vivos. Para así llegar al fondo del hechizo. Los niveles menguaron.
Una noche, ¿recuerdas? Te vislumbré años más tarde, muchos más. Tu perfil maduro. el rostro de un hombre de más de treinta años acostado a mi lado. Yo sabía que no te volvería a ver. Sabía que en muchísimo tiempo no te volvería a ver. Sé que ya no serás tú y yo ya no seré yo. Que los sentimientos, por sobre todo, no serán los mismos. Que estaremos sumergidos en una rutina espantosa. la misma que repudiábamos por aquel entonces. La misma que no queríamos admitir, pero estaremos en ella. Yo ya no sueño contigo. Yo ya no le creo a nadie y no hay nada que reprochar. No nací para eso. Para volver a hacerlo. Debo encontrar el punto donde mi vida pueda equilibrarse y no será amando.
Debo hacer cosas, no sólo pensarlas. Debo poner en práctica mi cabeza y aferrarla a mis extremidades para poder salvar las ideas que esta máquina desquiciada fabrica a diario. Cada segundo y minuto que transcurre. No son oídas, son sólo desechadas porque he sido incapaz de poder atraparles.
¿Recuerdas la primera vez, antes que fuera la primera? Las noches mordiéndote los labios para no gemir fuerte. Para no despertar a nadie. Para que no se enteraran que estabas descubriendo la continuidad de tu vida. La razón por la que estabas viva. Recuerdas cuando las noches en vela eran un acto constante de observación y tacto. De descubrimiento. De llegar más allá de lo anterior, del pedacito de anterioridad que brotaba desde tu cuerpo, que era tuyo y segura en alguna parte sonreías. Extasiada de saberte propia. De encontrar el punto exacto desde donde brotaba esa humanidad que albergas.
Se han ido esos días y te encuentras en un presente inexacto. Sin amor platónico. Sin palabras susurradas al oído. Se pierde aquella magia y te encuentras cara a cara con esta porción de realidad. Con este sentir lejano de las noches aquellas, de los tópicos pausados de premisas ya agotadas.
“Tú cabeza está llena de sexo, Marie”, no, mi cabeza está llena de olvido, de olvido permanente. Olvidé quien soy y sobre todo quien era, separada, partida y expulsada del círculo. Los ojos abiertos. La realidad gatuna. el hecho de saber que ya nada tendrá el mismo sabor, las mismas ganas. El revolucionario muerto, quedando viva el hacha. El cuchillo, fusil inerte, inservible, simbolismo, uno más. La música del rellano no logra que la lágrima brote, sólo una. Sólo una de basura, fétida y horrible. Desentrañable me engañas, te engañas y los círculos son parte del laberinto. Del redondo mundo. Tu cabeza, tus tetas, tus ojos redondos. De nada sirve. Empieza donde termina. Cíclico, infernal.
I
Ha nevado en Santiago. Sí, así como se escucha (o lee), la ciudad fue cubierta por polvo blanco, hielo, agua sólida a montones. un espectáculo.
Nevó en Santiago, ¿con quien te habría gustado estar? Fue uno de esos momentos en los que te preguntas con quien desearías estar con todas tus ansias, por quien habrías dado media vida para que te acompañara, con quien habrías juntado los montones de agua sólida para formar un muñeco o bolas de nieve, con quien.
Y mientras esos pensamientos transcurrían, el polvo se iba tornando agua y muy luego, muy, ya no había más nieve, sólo lluvia, la de siempre, la que cubre a Santiago un par de veces en el año, sólo un par de veces, porque este clima que tenemos, este que se denomina “mediterráneo de estación seca prolongada”, sí, el mismo nos dio un rato de esparcimiento, el mundo se mueve, se mueve para que algo dentro de tu cabecita haga clic y las nauseas cesen, piensa un poquito, piensa, ¿con quien habrías querido estar?.
II
Esa no es una entrada. Es mi casa. Pasa, siéntate, ponte cómodo. Toma lo que quieras. Adelante. No seas tímido. Aquí permanecerás mucho tiempo, no es tu decisión, es la mía. No pongas esa cara, muchacho, diviértete un poco. mira por la ventana, ves esas luces, es opio, invade todo el mundo cada vez que pestañeamos, o sea, que podrás darte cuenta que es mucho el que sobrevuela, mucho el que respiramos a diario, tanto así que no nos damos cuenta, tu has sido invitado a pasar, a quedarte cuanto tiempo yo estime conveniente, has sido elegido entre tantos para que puedas ver el modo en que opera todo allá fuera, desde donde vienes, desde donde todos venimos, el mundo atrapado por esta red humeante, por el opio cogiéndonos en cada momento.
III
Ya estás todo teñido de aquella figura, ¿cierto?. Ya presentas los rasgos claros de esa enfermedad llamada ella, llamada por su nombre, por el de esa mujer con la que compartes más que palabras a lo largo de todos estos meses, que poco a poco se van haciendo años, ¿cierto?
¿Ahora quien eres?, el brebaje insano de atardeceres opacos, de algún que otro melodrama barato en casa de sus padres, en las playas que recorren algunas veces. Ahora eres el chiste más cotidiano, eres la luz de los ojos de una muchacha que sólo tiene un par de años menos que tú, eres la natural fragancia de la atmósfera descubierta del terruño les vio nacer, ¿no?, eres una especie de Darwin experimentando con soldaditos de plástico, con cualquier innaturalidad atravesada. Los insultos diarios sólo los dices en tu cabeza, las ganas ya no se apoderan de tus acciones, estás perfectamente domado, acondicionado a seguir bajo la misma práctica hasta que los días te lo indiquen, hasta que dejes de respirar.
IV
La fuerza. Lo magnético. Lo inescapable. Todo ligado a la aspereza de los días. lo que nos transforma. Personas que vamos acumulando dentro. El estado histérico de hacinamiento. Las figuras que se divisan a veinte metros de distancia, a treinta a mil. Figuras que están aquí y son parte de la línea, del desequilibrio.
Las páginas torcidas. Las palabras arrancadas. Las letras borradas. el silencio y el espanto. Dejando al azar el desarrollo impecable de una historia que necesita sangre, lágrimas, para armarse. Rearmarse. Para fortalecerse.
Es el último enviado desde la papelera. Tratando de ser como ellos. De impregnarse de sus costumbres. De sus malos tratos. de esa impermeabilidad tan característica.
Siempre le llamaron la atención las formas de actuar de la gente de aquel lugar – planeta le llamaban. Mundo, tierra – de olvidar con tanta convicción. De hacerse de uno cada media mañana. De castigar sin detenerse en premeditaciones. Simplemente hacerlo. Visceralmente desde el fondo de la incapacidad. Veía de modo cierto de que iba todo aquello. Lo veía y lo repudiaba, pero ya no daba más. Era demasiado débil para seguir el ritmo de vida llevaba, victimizándose, siéndolo a la vez.
Era hora de tomar pastillas. De intoxicarse con medicamentos. La química regulada por la tableta azul verde roja amarilla. Las hormonas. Las dosis inexactas. Daba igual. La cuestión ahora era de vida o muerte y no es que no quisiera morir, es que tampoco tenía ganas de aquello. Era peor que la muerte o quizá esto lo era y no se había dado nunca cuenta. Se creía inteligente, creía que lo sabía todo, pero ahora el mundo estaba al revés, upside down.
He asesinado a un par de personas sin darme cuenta y a otras he matado con plena conciencia. El último fue demasiado insignificante como para hacerse la idea lechosa de llegar hasta su cuello y apretarlo, retorcerlo y más encima sonreír cuando agonizara. Pateándolo. Darle tan duro en las putas costillas como se pudiera, y estaría completamente feliz de no volver a escuchar su asquerosa voz. Pero no hice nada sólo porque no se lo merecía. Y si pudiera conseguirlo, si pudiera hacerme de la capacidad y llegar hasta el fondo, da igual, cierto, da igual.
V
Había una chispa. Sólo una chispa. Tenue. Encendiéndose. Amenazando constantemente con desaparecer. Con perderse., con dejarme despojado. Desnudo en medio de este opaco lugar. Cuando por las noches cerraba los ojos, el vacío golpeaba tan fuerte, tan jodidamente fuerte, que era difícil hacerse con el sueño.
De ese modo transcurrieron los días. Entre el decoro. La proactividad y el vacío; un agujero profundo y conocido. Una habitación impermeable dotada de toda clase de trucos combativos que me desarticulaban ante cualquier indicio de pelea. De voluntad.
Ya ha dejado de latir ese corazón
el fantasma que también desapareció
en donde no entrabamos tres ni dos
la vacuidad del uno ganó
ha dejado de latir ese corazón
ese amor encerrado murió
que no eras tú y menos yo
ha dejado de latir y cayó
la recompensa por su mancha ya se cobró.
valía menos que una ronda que piden dos
en el mesón rústico*.
*Laughs.
Y claro, si ella me hubise hecho clases en ese colegio de niñas al que fui en la media mi personaje favorito de mis literaturas se llamaría Laura y no Julia. Laura, igual que la profe que me revolvió el entusiasmo y me favoreció la lucidez el miércoles pasado cuando después de una pequeña y poco enérgica discusión (tómese “discusión” al más puro estilo francés, s’il te plait), más bien atrapada en el sentimentalismo, con mi amiga I… y eso, Laura como ella, que me dijo que la extrema izquierda había hecho estragos en ese gobierno democrático que tuvo chile por esos años que está de más mencionar (o no está de más, que se yo. Hoy digo que está de más) todos sabemos, todos sabrán, hasta no sé cuando. Entonces, se llamaría Laura, como ella. Una señora, un amor de persona que me gustaría ser ahora y a su edad y que nos hace unas clases re piolas de dos bloques los días miércoles, después de una tanda larguísima en donde no queda casi nadie, porque webiamos desde las ocho de la mañana y que ese miércoles duró hasta las siete y tantos de la tarde para mi y la I, que la dejamos en la puerta de la universidá, porque quedarse a hablar con ella y dejarla en esa puerta fue aliciente, en serio. aunque ahora nomás me quiera morir. no, en realidad no me quiero morir. pero estoy derrotada. o lo estuve antes del medio litro de vino barato que me proporcioné para leer unos textos de Pablo Paredes y escuchar unos discos de Jara, Gainsbourg, Roberto Carlos, Los Ángeles Negros, Violeta Parra y después unos tés chinos.
Aún no puedo decir “veo la pobreza de mi barrio”
y es que este no es mi barrio
no sé cuál es
he vivido en tantos lugares estos últimos dos o tres años
no sé cual es
así qué la cosa se pone deforme
de dónde es que soy?
algunas sombras me indican partes
el gato juega con una bolita
yo no puedo decir de dónde
ni veo la pobreza de mi barrio.
me discriminan según que por facha
en la última universidad en la que estoy
según que por facha
no puedo dejar las frases telegráficas
no puedo dejar de decir verdades descontínuas
estoy perdida
que no me salven
estoy perdida
que me dejen donde
Super simple:
- Ivonne, necesito sacarme a un hombre de la cabeza y no sé cómo hacerlo. – Le digo de repente con tonito confidente.
- Mátalo – me dice, mirando fijo hacía delante, sin pestañear, concentrada, como si ella condujera la micro en que íbamos.
- Hablo en serio, Ivonne. Necesito sacarme a un mino de la cabeza que me tiene odiándolo y deseándole todo el mal del mundo; que se le llueva la casa, que se le mojen los lentes cuando cruce la calle y se caíga, etc., etc..
- Mátalo – me dice nuevamente con la misma actitud.
- Pero Ivonneee – Digo con un leve tono de reproche. Como si no me estuviera tomando en serio.
- En serio, Marie. Toma una foto suya, ráyalo, entíerrale agujas, escúpelo, méalo. Lo que querai…
- Uhmm… – Murmulo interrumpiéndola y mirándola sin entender.
- Psicomagia – dice con tonito dulzón y sonriendo. Como si estuviera promocionando un producto.
- Sáaaah. La volada de Jodorosky. Odio a Jodorosky, Ivonne.
- Si sé que suena super tonto, pero resulta. si la cuestión es liberar energía. – Esta vez lo dice completamente neutra. Volviendo más bien a la actitud de antes.
- Uhm… – Reflexiono quedando un tanto convencida – Tenis razón, o sea, en este momento no puedo gritarle a nadie, ni siquiera susurrarle ni escribirle. Ni nada. Me he quedado en silencio empollando un re jodido sentimiento porque parece que soy una lady y el tremendo ignorer forzao’ me hace odiar al mino que me jode la psiquis. Además, como que entendí que con estas cuestiones de los minos no hay muchas vueltas que darle. Él tenía ganas de jugar (de lúdico, de juguetón-seductor, no de malvado puto maricón, no) un ratito. Yo estaba disponible y era pelirroja y resulta que a él le encantan las pelirrojas desde que es chiquitito y mala suerte después de las ganas resueltas, porque pa’ él otra cosa mariposa y pa mi el contrato invisible con las claúsulas correspondientes que dicen “no se aceptan reclamos después del tercer polvo. Bienvenida a la Realidá”.
- Entonces, lo vai a hacer?. – Me pregunta interesada.
- Tengo que hacer algo. Ando odiando mucho y así no funciono. Aunque no sé si eso de la fotito. Mejor voy a escribir un pequeño relato sobre nosotras arriba de la 511 en un día que ha llovido hasta el cansancio y estamos mojadas y todo huele a humedad, entonces, te digo que quiero mandar mi abrigo negro a la tintorería pero que sale muy caro, así que mejor no lo mando. – le respondo.
No es más que eso. Una mujer caminando por un pasillo. Alejándose. Dijo adiós sin palabras y caminó, aparentemente segura, contoneándose. Iba llorando. No lo sabrás nunca. Esa mujer puede llorar. Es mejor no saberlo.
Aquí en estos adentros no hay luz
allá tampoco posee presencia alguna
Es de un opaco presentable la habitación en prenunbra
sólo hay un brillar y no me es posible decir cuando
aqui en estos adentros no hay luz alguna
allá tampoco posee presencia. siquiera mengua
es de un opaco entrañable la habitación en penumbra
y sólo hay un brillar y no me es posible decir cuando
No hay en estos adentros luz alguna
sabiendo que allá tampoco es encontrable
digo la penumbra, un opaco entrañable
sólo hay un brillar. imposible localizable
es mejor cerrar los ojos, caricaturizarse
encontrar la medida.
Decía que se llamaba Carolina siempre que se lo preguntaba algún tipo en alguna de esas fiestas a las que me llevaba. Era mi mejor amiga. Yo iba encantada, feliz del mundo. Me sentía super fuera de lugar, pero era mejor que quedarme en la casa, en esa casa. En ese tiempo yo leía menos y escribía más e iba a más fiestas y pensaba más webas igual que ahora, pero más, se entiende, ¿cierto?. El caso, es que se llamaba Carolina y no como siempre después o antes de esas fiestas y éramos felices o eso creíamos, la felicidad tenía una definición más simple, menos exacta, más acompañada a cuerpo de adolescente a alcohol barato y cigarros regalados. Se llamaba Carolina y mentía todas esas noches, incluso, a sus viejos que creían que estaba en un pijama party en casa de compañeras del colegio. hace harto que no la veo. se fue a vivir a China o algo así, parece que al golf. el otro día fui a una fiesta y la vi. me dijo que se llamaba carolina. nada más.